¿Qué es “Diez palabras”? ¿Cómo lo podrías definir?

Me gusta definirlo como “newsletter experimental”, porque arrancó así, como un experimento. El periodista Carlos Ulanovsky, con enorme generosidad y su elegancia característica, lo llamó “carta semanal”. Es una suerte de recorte personal de la semana, un boletín de noticias seleccionadas desde la intuición, sin buscar mucha justificación. Tomo las palabras que más me atraen como excusa, como pie y a la vez como eje ordenador. Son “las diez palabras que más me hayan impactado en la semana”: esas palabras que me hacen pararme a prestar atención, preguntarme cosas.

¿Cómo empezó todo?. ¿Cómo se te ocurrió?

Fue una de esas ideas que te zumban alrededor de la cabeza hasta que necesitás espantarlas de algún modo. Las palabras me atraen desde que me acuerdo. Y me interesa la escucha / lectura atenta en medio del ruido, la operación de poner la lupa sobre un detalle que pueda iluminar algo de la realidad. En mi paso por la academia hice algo de análisis del discurso, y enseño sus formas más básicas en la universidad. Algunas palabras condensan mucho sentido, o porque son novedosas -y designan entonces ideas nuevas, que recién se están empezando a pensar-, o por el contexto en el que se emplean, o por quién las dice. Me interesa jugar a pescarlas en el flujo infinito de discursos y, una vez por semana, tener una reunión de sumario conmigo misma, seleccionar diez y meterme con ellas.
Aunque en realidad, casi que son ellas las que me pescan a mí. Hay un texto donde el semiólogo Paolo Fabbri rescata una frase de Benveniste y dice que “el sentido tiene cara de Medusa”. Es decir que el sentido, como la Gorgona, te paraliza cuando lo mirás de frente. Siento que eso me pasa con algunas palabras: me miran fijo y me dejan pensando, sintiendo; abren un hiato. En ese hiato, esa fisura del discurso cotidiano que entra por una oreja y sale por la otra, meto mi cuña.
En lo concreto, el empujón decisivo para empezar el newsletter me lo dio el curso de Hábitos de Gerry Garbulsky. Una de las herramientas que propone es “dejar de hablar y empezar a hacer”; en mi caso, fue dejar de fantasear con un newsletter y sentarme a escribir uno, a ver qué pasa. Otra de las herramientas era “hacer contratos de verdad”, como el que Ulises hizo con su tripulación para poder escuchar el canto de las sirenas. Yo no tengo tripulación pero tengo una comunidad amiga en Twitter. Un viernes a las tres de la tarde dije en Twitter que me interesaba hacer un newsletter y que si conseguía diez likes armaría un formulario de suscripción. Cuando llegaron los likes, compartí el enlace del formulario y dije que si diez personas se suscribían, lo escribiría para el día siguiente. Así, con ese tirarme a la pileta, arrancó diezpalabras. El número cero fue el 29 de agosto de 2020, y se envió a 45 una audiencia inicial de 45 personas. 

Supongo que tu profesión de periodista y conocimientos debe haber influído ¿o no pasa por ahí?

Sí, claro. En 2020 me descubrí como una periodista que ya casi no periodisteaba. Es triste. Me gusta mucho el periodismo, pero es una profesión que está cada vez más difícil, con pocos puestos de trabajo y condiciones muy difíciles. Así que en los últimos años me corrí de las redacciones; pero extraño. Me quedó el vicio de estar atenta a la realidad, a las múltiples realidades que coexisten todo el tiempo: represión del gobierno en Myanmar o en Formosa, juguetes sexuales que toman rehenes, acciones que suben por redes sociales, agujeros de metano en el Ártico ruso. Es un mundo fascinante y va muy rápido. Y bueno, encontré esta manera de armar un producto periodístico, con su propia periodicidad y su propio formato. Me gusta el desafío periodístico de organizar algo de la realidad en diez bloques cada semana, llueva o truene; el equivalente a “el diario nunca salió en blanco”.  

¿Te lleva mucho trabajo escribirlo?

Lo disfruto enormemente, pero lleva muchísimas horas; casi todo el viernes y el sábado, sin contar los momentos anteriores de “pesca”. Todas las semanas me digo que la próxima será mejor, que voy a lograr domesticarlo y hacerlo en menos tiempo. 

¿Qué repercusión tuvo?

Es difícil saberlo. ¿Cómo medir el efecto de las palabras en quien las lee? Al principio se suscribieron muchas personas; después el ritmo aflojó. Estoy muy orgullosa de las personas que leen; con profesiones e intereses muy variados; muchas de la academia y el periodismo. Hay gente leyendo en México y en Italia, en La Paz y en Berlín, en Nueva York y en Barcelona, en El Salvador y en Nueva Zelanda; en total, en por lo menos 14 países, y en 20 provincias argentinas, de Salta a Tierra del Fuego. Muchas personas me escriben con  comentarios, me agregan información, me cuentan en qué les hizo pensar el newsletter… Me hace muy feliz contribuir a la conversación.
A partir del número 10, en noviembre, abrí la posibilidad de que quien lee colabore económicamente con diezpalabras. Lo abrí como un experimento, también; para ver qué pasaba. Algunas personas contribuyen mensualmente, y otras hacen aportes puntuales, esporádicos. Es muy alentador saber que esas personas consideran que mi trabajo tiene un valor y quieren apoyarlo. Les llamo “mecenas”; cuando cumplen años, les envío una palabra especial de regalo. A algunas las conocía de antes, pero muchas son desconocidas, o más bien, conocidas a través de las palabras.
Un momento hermoso fue cuando Carlos Ulanovsky me escribió para suscribirse y, poco después, para invitarme a conversar con él en su programa radial Reunión Cumbre. Lo admiro muchísimo así que fue un honor gigante. 

¿Te gusta hacerlo/a?

¡Me encanta! 

¿Cuánto hace que empezaste?

El 29 de agosto, hace ya 27 semanas. 

¿Qué pensás que sucederá con esta iniciativa o en realidad qué expectativas tenés?

Sinceramente, no lo sé. Nació de un impulso y ahí va, a fuerza de deseo. Por ahora me gusta la obligación de sentarme a escribir todas las semanas, aunque a veces se me hace difícil dedicarle tantas horas; empecé en plena pandemia, cuando no había mucho que hacer, pero ahora ya compite con el resto de las actividades de fin de semana. Veremos adónde va. 

¿Querés contarnos algo más sobre todo esto? Algo que a lo mejor no te preguntamos…

A raíz de una iniciativa de un lector que vive en Berlín, estamos armando un sitio web para archivar todas las palabras, con una página web diferente para cada una. Me maravilla que esta persona se haya sentido tan motivada como para empujarme a mí a hacer -juntes- esta movida. Lo mejor de hacer cosas es que se sabe dónde empiezan, pero nunca dónde terminan. 

Para suscribirse a diezpalabras: bit.ly/diezpalabrasplis

Para leer las ediciones anteriores: bit.ly/diezpalabras-archivo o marbasch.medium.com

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