“EN ARGENTINA SER EMPRENDEDORA ES UNA LUCHA CONSTANTE POR EXISTIR COMO MUJER PENSANTE Y CON PENSAMIENTO CRÍTICO”.

Entrevistamos a Inés Arribillaga, presidenta de la ONG argentina Emprendedoras en Red.
Les compartimos su visión sobre el rol de la mujer empresaria en nuestro país y su perspectivas para el sector emprendedor.

? ¿Cuál es el rol de la mujer en el mundo de los negocios y qué significa ser emprendedora en Argentina?
Sé cómo me gustaría que fuera el rol de la mujer en el mundo de los negocios, pero no es lo que sucede realmente. Me gustaría que humanizáramos las relaciones cuando se hacen negocios y dinero, y que priorizáramos el desarrollo como personas, con el fin puesto en el bien común, en el cuidado de los bienes naturales, en la posibilidad de achicar las brechas sociales para hacer un mundo más equitativo y amoroso y, sobre todo, menos individualista.
En Argentina ser emprendedora es una lucha constante por existir como mujer pensante y con pensamiento crítico. Todavía creo que somos visualizadas como “chicas simpáticas”, con algún rasgo de creatividad y empuje pero siempre respondiendo a mandatos culturales machistas. Lindas, seductoras, maternales y sí: con energía y muy laburantes.
? ¿Qué desafíos se avizoran en el futuro para el emprendedor en la región?
Los desafíos son enormes: poder organizar las ideas para desarrollar negocios que traspasen las fronteras de lo local. Que se pueda implementar y complementar no solo desarrollos de negocios “TIC’s” (que son los más valorados) y que apuntan a ganancias exponenciales para grandes inversores sino sobre todo nuevas formas de resolver problemas de un mundo excesivamente tecnologizado y expulsivo de gran parte de la población para pasar a emprendimientos socialmente sustentables, con más participación de actores poco convencionales y por eso mismo con posibilidades de acceso a nuevas miradas para resolver problemas básicos: agua, energías alternativas, comida, educación, cuidado de lo común. Actores locales con énfasis en producir bienes de todos. Y sobre todo, descomponer la concentración de la riqueza, exactamente al revés de lo que ocurre.


Lo que no fue publicado por cuestiones de espacio:

¿Cómo fueron sus comienzos como emprendedora? Cuando era una niña, ¿se imaginaba haciendo lo que hoy hace?

Creo que nunca supe o pensé en estos términos (ser una emprendedora). Lo que siempre me surgió es hacer algo que no conocía y que me parecía fácil y necesario. A los 11 o 12 años inventé una biblioteca circulante con los libros que tenía y con los libros de mis amigas de la cuadra. Nos juntábamos a registrarlos por nombre, autor, tema, en un fichado muy elemental para que cada una se llevara el que quisiera y lo devolviera a los pocos días. La idea era que todas pudiéramos leerlos como un bien común. Mucho más tarde entré a una asociación profesional y quise que todxs lxs socixs nos reuniéramos para diseñar un servicio de atención psicológica. Llamé por teléfono y personalmente a todxs lxs registrados con ese fin y vinieron más de lxs que pensamos y sí, en conjunto, elaboramos el servicio por áreas, temáticas, conocimientos y diseñamos las competencias y requisitos. Incluso logré que se incluyera un área hasta el momento rechazada pero que formaba parte de una especialización profesional (Sexología Clínica). También propuse crear un servicio de emergencias psicológicas telefónica pero esta idea no fue aceptada. Y hubo otras que tampoco.
Cuando inventé de la nada la Red de Mujeres Emprendedoras en 1993 casi no existía un ámbito para pensar el trabajo de las mujeres. Armé una convocatoria abierta, escribí los objetivos, fotocopié los principios y le puse día y hora de reunión. Durante más de tres años nos reunimos todas las semanas a reflexionar trabajar sobre el trabajo y el crecimiento como emprendedoras. Todas éramos parte del desarrollo de las otras.

Mucho, mucho después, pensé que era emprendedora y que lo mío era lo social y compartido.

De niña nunca me pensé haciendo lo que hago hoy: vivía en un conventillo de clase baja, obrera, y sin profesionales en ninguna de ambas familias. Tampoco tenía idea de lo que me gustaba.

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