Un hombre observa una rata de bronce en un negocio de antigüedades y decide comprarla para ponerla como adorno en el escritorio de su oficina. Paga 100 pesos, pero se sorprende cuando el vendedor le dice que la rata no es retornable porque ha sido devuelta dos veces y no quiere volver a verla. Al salir del negocio, el hombre ve un par de ratas cerca de su auto. Mientras maneja, las ratas salen de las bocas de tormenta y comienzan a seguirlo hasta que el hombre queda horrorizado. Acelera en dirección a la avenida costanera y cuando llega tira la rata de bronce al fondo del río. En ese momento, el ejército de ratas vivas se sumerge en las profundidades detrás del adorno. El hombre se dirige entonces al negocio de antigüedades, pero el dueño lo para apenas entra y le recuerda que la rata no era retornable. “No hay problema”, responde. “Sólo quería saber si tiene un banquero de bronce”.

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