Esa nota fue publicada en el 2003 en la crisis económica de entonces. 

Un poco de humor…

Por Antonio Dal Masetto
Para variar, en el bar andamos todos con caras de chancletas. Cada cual hecho un nudo rumiando sus angustias y sus broncas, la plata que no alcanza, la inseguridad del trabajo. Hasta el Gallego está con un humor de los mil demonios. El único que luce una sonrisa ganadora es el parroquiano Atilio.

–Muchachos –nos dice–, córtenla con esa actitud derrotista y resentida, por qué no usan la energía en la dirección correcta, agucen el ingenio para encontrar soluciones novedosas. Permitan que me ponga como ejemplo. Nosotros, me refiero a mi familia, como todo el mundo usábamos el departamento para comer, dormir y mirar TV. Son 78 metros cuadrados que estaban absolutamente desperdiciados. Nos reunimos en consejo familiar con mi mujer Lidia, mi suegra doña Carmen, mi hija Marisela, mi pibe Oscarcito y decidimos conformar un polo industrial en nuestro departamento. Hicimos las reformas necesarias en el mobiliario y transformamos todo en rebatible, de manera que ganamos prácticamente la totalidad del espacio posible. Subdividimos el departamento en 10 áreas fabriles. Invitamos a participar en el proyecto a mi primo Pepe y a Pepa, la mujer, al tío Alberto, al novio de Marisela, Romeo, a la profesora de química de Oscarcito, la señorita Hortensia. Y así quedó fundado el polo industrial de la calle Barlovento al 3900. En la cocina, funciona una panificadora y empresa de cattering, a cargo de doña Carmen, una fiera haciendo tortas y pizzas. La cocina es espaciosa y es compartida por una planta elaboradora de perfumes y esencias, L’air de Paris, dirigida por la señorita Hortensia. Dos hornallas de la cocina para cada empresa. En una de las habitaciones, se instalaron mi hija Marisela y el novio, cada uno ocupando una parcela y capitaneando su empresa. Marisela fabrica pañales descartables para niños y adultos. Romeo, lidera una fábrica de objetos para diferentes cultos religiosos, San Jorge y el dragón, Buda, Yemanyá, la Virgen Desatanudos, la Difunta Correa, Kali, Zeus, el Gauchito Gil, etcétera. En la otra habitación se instalaron Pepe y Pepa. Pepe, que siempre fue un loco de la computación y un melómano fanático, es el alma mater de una empresa discográfica informal, Vudú Records. Pepa conduce una textil de antiguos tejidos incaicos, Hilanderías Machu Picchu. El tío Alberto se hizo cargo del baño, también cómodo. En la bañadera instaló una embotelladora de agua mineral y jugos seminaturales. Y aprovechando el espacio sobrante se asoció a la profesora Hortensia y levantaron una industria química para la elaboración de un producto multiuso que sale a la venta con el nombre de Mandrake, infalible como quitamanchas, desoxidante, lustramuebles, callicida, preventivo de la calvicie y óptimo para frituras sanas. En el living instalamos tres empresas. La Hermes, una ensambladora y recicladora de bicicletas y monopatines, a cargo de mi hijo Oscarcito, un empresario de alma. La Butterfly, una fábrica de delicadas flores de papel, con vista al mercado exterior, dirigida con mano de hierro por mi querida esposa. Y en tercer lugar, The Gaucho, empresa piloteada por un servidor, industria de bombillas y facones destinados al turismo y al abastecimiento de los centros de tradición campera.

Todos los parroquianos nos olvidamos de nuestras quejas y rodeamos a Atilio llenos de interés y admiración.

–¿Y cómo les está yendo a las empresas del polo fabril?

–Ayer salió la primera Hermes de la planta de rodados. La fábrica de objetos de cultos religiosos ya ha recibido pedidos del norte profundo y del desamparado sur. Los primeros CD fueron lanzados al mercado con total éxito. El multiuso Mandrake ya está en las tintorerías, en las herrerías, en las mueblerías, en las farmacias y en las cocinas de los restorán cinco tenedores. L’air de Paris está produciendo sin parar, en cualquier momento ustedes mismos se encontrarán diciéndoles a sus esposas: “Qué exquisitoperfume francés, querida”, sin sospechar que fue elaborado en la planta de Barlovento al 3900.

–Don Atilio, ¿no queda un predio libre en su departamento?

–Justamente queda el balcón, les puedo ofrecer dos proyectos cuya factibilidad ya está determinada, una fábrica de escobas o una marroquinería. Elijan, decidan y súmense a nuestro polo industrial.

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