El mundo del trabajo va mutando de acuerdo a las necesidades de una economía globalizada y concentrada. Hace unas décadas todavía significaba lugar en el mundo y dignidad. Luego llegaron las fábricas de producción global y con ellas la masificación de productos. El empleo y los asalariados un costo que había que bajar al mínimo imprescindible. Quedaron las corporaciones y sus ejecutivos de lujo (por los sueldos). Al mismo tiempo comienza la oferta y el gran salto al emprendedurismo como opción de autoempleo. Pero en esta modalidad la fórmula es individual y solitaria y depende de quién emprenda: tanto en la producción de servicios como de productos alternativos al gran mercado masivo. No existen los sindicatos ni regulaciones del trabajo, tampoco los beneficios sociales o coberturas para emprender. Aunque se trata sí, de ir creando algunas condiciones de crecimiento y regulaciones y programas que asistan en ese desarrollo.

En la realidad diaria, es una lucha despareja y asimétrica. Por un lado las grandes corporaciones, el estado y “el mercado” (desarrollado y estudiado minuciosamente a través de estudios de investigación, captado y domesticado) y por el otro las pequeñas y medianas empresas, los comercios y mucho más atrás les emprendedores.

Pero como se trata de un modelo en clave individual (tanto si es exitoso como si no), no existen aprendizajes comunes o grupales salvo en las cooperativas de trabajo o servicios que se nutren justamente de esas formas organizativas. También es cierto que emprendedores y emprendedoras usan el máximo de su tiempo a sobrellevar y apuntalar sus propios negocios. Es decir, se les va la vida en hacerlos funcionar y muchas veces por suerte, lo logran y muchas otras abandonan.

Entender lo descomunal de esta realidad, puede ayudarnos a cambiar el eje de la propuesta. ¿Por qué no desarrollar otros modos de hacer emprendimientos? Sobre todo las mujeres que cargamos encima siglos de silencios y encierros en el adentro de las familias y que hace tan poco salimos a mostrar y decir que somos el 50% o más de la humanidad.

Las mujeres podemos implementar otra lógica de trabajo, otra lógica de mercado y de políticas. Básicamente crear otra manera de hacer las cosas y de incluirnos en el mundo: enfocarnos en lo cooperativo y colaborativo como modo de producir y vivir. Creo que es posible, que se puede aprender y extender a otros espacios. Abandonar la guerra como contienda de disputas desiguales, cuidar la tierra de todes, defender derechos básicos, acoplarnos en el buen vivir, dignificar el trabajar juntas. Desterrar la competencia.

Las circunstancias económicas y de políticas públicas muestran una distancia sideral entre lo que ocurre en la realidad y lo que nos quieren hacer creer: de que los sueños pueden realizarse, que debemos enfocarnos en lo que nos interesa desarrollar y que el esfuerzo y tesón nos llevarán irremediablemente a cumplir lo que nos proponemos. ¿Quiénes? ¿Cómo? ¿En qué marco? ¿Para qué clase social? Veo todos los días el esfuerzo por sobrevivir, sí sobrevivir en un mundo desigual e individualista a mujeres que el día a día se lleva sus horas de trabajo e intentando pagar servicios públicos e insumos o comprar comida. ¿Se puede emprender en estos contextos? ¿Quién puede solicitar un crédito por más tentadora que sea la oferta de un banco público o de un programa gubernamental? Sin embargo he visto hacer esfuerzos sobrehumanos de emprendedoras en las peores crisis.

Una propuesta superadora es crear iniciativas de desarrollo colectivo para la venta y comercialización de productos y servicios, un sistema de acoplamiento entre saberes y conocimientos, plataformas de gestión compartida para emprendedoras de todo tipo y mucha creatividad para hacerla deseable e instrumentarla. Existen algunas experiencias novedosas que hemos ido recopilando en estos tiempos. Por ejemplo: Ponen en marcha una red de almacenes online, con productos a mejores precios o esta otra Cómo transformar la persiana de un negocio en obra de arte o Una panadería anarquista que pueden referenciarse sobre posibles respuestas mancomunadas. Existen muchas más que nos invitan a debatir y crear alternativas superadoras para nosotras, las emprendedoras. ¿Lo hacemos?

Inés Arribillaga. Directora Emprendedoras en Red

 

Sobre Trabajo podemos leer en wikipedia:

La palabra «trabajo» deriva del latín tripalium, que era una herramienta parecida a un cepo con tres puntas o pies que se usaba inicialmente para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos. También se usaba como instrumento de tortura para castigar esclavos o reos. De ahí que tripaliare significa ‘tortura’, ‘atormentar’, ‘causar dolor’.2?3?

Aparecida en el siglo VI, según Alain Rey, la palabra «trabajo» es un deverbal de “trabajar”, proveniente del latín popular tripalliare, que significa ‘atormentar, torturar con el tripallium’.[cita requerida] En el siglo XII, la palabra designa también un tormento psicológico o un sufrimiento físico.

Los griegos de la Edad de Oro pensaban que sólo el ocio recreativo era digno del hombre libre. La esclavitud fue considerada por las más diversas civilizaciones como la forma natural y más adecuada de relación laboral. Desde mediados del Siglo XIX,? vinculado al desarrollo de la democracia y el sindicalismo, la esclavitud deja de ser la forma predominante del trabajo, para ser reemplazada por el trabajo asalariado. Con él emerge una valoración social positiva del trabajo, por primera vez en la historia de la Civilización.

En general los grandes sociólogos (Comte, Weber, Durkheim) concedieron al trabajo un lugar central en sus teorías. Pero, es recién a partir de la Segunda Guerra Mundial que se desarrolla una Sociología del Trabajo. Conceptos claves de la Sociología como los de “división del trabajo”, “clase social”, “estratificación social”, “conflicto”, “poder”, “Población Económicamente Activa”, “sobretrabajo”, “subocupación demandante y no demandante”; “mercado de trabajo”. Todo ello está relacionado con el plano “macro” de las relaciones laborales están íntimamente relacionadas con las implicancias sociológicas del trabajo.

Para la Sociología del Trabajo el estudio del trabajo va más allá de las “relaciones sociales de empleo” para concentrarse en el mucho más amplio y complejo concepto de “mundo del trabajo”, abarcador de todas las formas de trabajo y actividad, prestando atención tanto a la actividad como a la intención para la cual la actividad es llevada a cabo, y llegando hasta el concepto mismo de “empresa”, como esfuerzo colectivo del trabajo. Cuando se llega a ello estamos en el plano “micro” de la sociología del trabajo, o sea las condiciones y medio ambiente de trabajo originadas por el plano “macro” que llevan el nombre de CyMAT (Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo) que es una especialidad en la Sociología Laboral?

La Sociología presta atención y estudia las implicancias sociales de la relación del trabajo con la herramienta (técnica y tecnología). Las profundas transformaciones que derivan del paso del trabajo con simples herramientas individuales (artesanado), al trabajo industrial con grandes máquinas (maquinismo), al trabajo con computadoras (sociedad de la información), y el impacto micro que generan, constituyen un permanente tema de estudio sociológico.

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