Invitada por la Feria de Editores, donde se presentará esta tarde, la filósofa eslovena dialogó con Infobae Cultura acerca de la compleja y paradójica época en la que vivimos. Algunos de los temas: los datos como el nuevo petróleo; la justicia digital, la forma en que Silicon Valley modificó el capitalismo, el control social y el derecho al aborto. Por Luciano Sáliche

11 de agosto de 2018

lsaliche@infobae.com
(Christian Bochichio)

En algún punto, un filósofo es un visionario. Mientras todos están extasiados con los deliciosos manjares de una época, la filosofía debe mantener un grado tal de lucidez para observar la carne, la vajilla, los condimentos de esta cena que, desde luego, nunca es gratis.

En algún momento de su vida, Renata Salecl —filósofa, socióloga y teórica jurídica eslovena— se preguntó por la felicidad, la contrapuso con la angustia y vio que algo no cerraba. ¿Existe la felicidad? ¿La angustia es realmente su opuesto? ¿Por qué es tan difícil en este capitalismo post industrial lleno de comodidades e interconexiones virtuales hallar bienestar sin perder la empatía con el otro? Para encontrar alguna respuesta, escribió libros. Angustia, uno de ellos, acaba de ser publicado en Argentina por Ediciones Godot, siendo esta la primera vez que esta escritora es traducida al español.

Ahora está sentada frente a la ventana de la calle Lavalleja, barrio de Villa Crespo, en la Casa de la Cultura. Mira por la ventana, luego al entrevistador, a la mesa de madera, juega con una botella de agua, con sus anteojos y vuelve a la ventana. Afuera, está a punto de largarse la quinta o sexta llovizna del día. Hace frío, el cielo está pálido. En el Senado ya comenzó la votación por la legalización del aborto. Mientras tanto, habla en un inglés abrupto y fácilmente entendible, desarrolla conceptos. Pese a sus rasgos eslavos, su manera de hablar denota entusiasmo.

“Angustia”, de Renata Salecl (Ediciones Godot, 2018)

Angustia fue publicado por primera vez en 2004 bajo el título On anxiety. Desde el psicoanálisis y la filosofía, establece la idea de que luego de un momento histórico traumático —la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo—, la sociedad asiste a una era de la angustia. Cada una tiene sus características, sus patrones. La nuestra es particular porque, desde el atentado del 11 de septiembre, emerge un terrorismo sorpresivo. Además está la caída de los socialismos reales, el avance de la industria farmacéutica, la presión del “sé tú mismo” y una paradoja: “la libertad de elección aumenta la sensación de ansiedad y angustia y culpa”. Todo esto sumado a internet genera sujetos “constantemente preocupados por su propio bienestar que no suelen desafiar los mecanismos del poder”.

Pero, ¿qué es la angustia? “La forma en que se presenta la angustia en los medios populares nos da la impresión de que la angustia es el verdadero obstáculo para el bienestar del sujeto”, explica en el libro. Sin embargo, la propuesta que hace esta autora es inversa: es necesario aprender a convivir con la angustia, no sólo porque la felicidad total es una ilusión, sino porque “una sociedad sin angustia sería un lugar muy peligroso en el que vivir”.

Ha pasado un tiempo desde la publicación del libro. ¿Cree que el 11S sigue teniendo la misma preponderancia en la configuración de la nueva era de la angustia que usted desarrolla?

—Fue muy importante en la manera en que aumentó la persecución y la angustia de las personas en tiempos contemporáneos. En las épocas anteriores en las que surgió la angustia, esto resultó de una guerra importante, como la Primera y la Segunda Guerra Mundiales. En los noventa ocurrió la Guerra de los Balcanes y el Genocidio de Ruanda, por ejemplo, que generaban sentimientos acerca de si este tipo de genocidios volverían a ocurrir. Los debates sobre la angustia suelen suceder después de un trauma importante. En cuanto al 11 de septiembre, se modificó mucho la manera en que Estados Unidos funciona en el mundo. Un aumento importante de vigilancia de su propia población y más intervención en el extranjero que todavía continúan en Afganistán, por ejemplo, e Irak. Y el discurso después de esto comenzó de manera continua a crear un punto de angustia especialmente en la idea de terrorismo, que se volvió un miedo, un peligro que podía atacar de manera oculta. No podemos saber cómo atacará porque opera a través de células y a su vez tenemos una sensación de peligro hacia el cuerpo del sujeto debido a virus, enfermedades. En los últimos años esto cambió de alguna manera pero el control social es mayor y se vuelve cada vez más perverso debido a las redes sociales y al desarrollo de internet. Pero el control de esta población ya estaba presente a partir del 11 de septiembre, el evento que cambió la manera en que Estados Unidos comenzó a operar con vigilancia constante, y otros país lo siguieron. Con la nueva tecnología hay un modo internacional de controlar y manipular a las personas. Todo esto está creando un nuevo tipo de angustia en la que vivimos. Además, el neoliberalismo, que está fuerte y presente, crea su propia angustia relacionada a la percepción de que somos totalmente responsables en nuestras vidas, que nuestro bienestar económico depende de las decisiones correctas sin importar nuestro entorno o las desigualdades económicas que existen. Esto contribuyó al sentimiento de angustia, que también está relacionado con el sentimiento de culpa. Las situaciones precarias en las que viven las personas han sido enmascaradas con estas ideologías de elección, de éxito y de felicidad. Es por eso que me gusta decir que la ideología que promueve la felicidad aumenta radicalmente la infelicidad de las personas.

En el libro habla de hipercapitalismo y de capitalismo post industrial. ¿Cambió el capitalismo desde la propagación de internet?

—Creo que el poder de internet, especialmente el poder de Silicon Valley, ha afectado la manera en que funciona el capitalismo en la actualidad. En primer lugar tenemos compañías enormes como Google, Amazon, Facebook, Microsoft que recopilan y venden datos y están fuera de cualquier control gubernamental. Los datos son el nuevo petróleo, el nuevo oro. Si se tienen datos hay posibilidad de crear un montón de riqueza y controlar a las personas. Sabemos que China sigue de manera fuerte este tipo de control social en cuanto a big data, control político de la oposición y también para el control en general de la población. Ahora están estudiando de manera detallada tecnologías de reconocimiento facial, la manera en que los algoritmos pueden contribuir al control social. Hay cambios en los sistemas judiciales: en el futuro podemos imaginar que los castigos y las penas van a estar relacionadas con los algoritmos. Va a haber un tipo de justicia digital. Tal vez una computadora decidirá cuánto durará una condena o ayudará al juez a llegar a la sentencia, así que la estructura de poder está cambiando: la recopilación de big data y su manipulación, que observamos en las últimas elecciones de Estados Unidos y también con el brexit en Reino Unido. Estamos conociendo el poder de las empresas como Cambridge Analytics o de las que usan el perfil psicológico de las personas para orientar de manera directa a los votantes con fines políticos. Sabemos que corporaciones ya lo han utilizado mucho. En realidad creo que vamos a sentir más angustia con respecto de lo que sucede en la sociedad con el nuevo tipo de control social que trae la big data. Y somos muy ignorantes aún. Muchas veces permitimos que las empresas hagan un seguimiento de cada movimiento que hacemos en cuanto nos conectamos a cualquier dispositivo. Toda nuestra información puede estar al alcance de cualquiera.

Mientras Renata Salecl habla de la especificidad de estos tiempos, allá, más al centro, frente al Congreso de la Nación, miles y miles de chicas se concentran para exigir que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo —que finalmente no se aprobó— se haga una realidad. Es un debate sobre la igualdad de género central de nuestros tiempos. Renata Salecl lo sabe, como también sabe qué sucede en Argentina. “El entorno patriarcal todavía está presente en la mayoría de los países del mundo”, dice con el ceño fruncido, como transformando el enojo en inteligencia. “Hace poco pudimos observar el movimiento #MeToo, que expuso décadas de acoso que muchas veces hombres posiciones de poder usan contra las mujeres, las subordinan”, agrega como ejemplo.

Entonces se mete de lleno en la coyuntura local: “Creo que lo que está sucediendo en la Argentina con la votación del derecho al aborto es una de las decisiones más importantes. Es una cuestión de derechos humanos. En los régimenes muy tradicionales y patriarcales se trata de negar este derecho a las mujeres. También es una cuestión de derechos humanos porque sabemos que las diferencias económicas tienen una gran incidencia: si las personas son ricas pueden tomar decisiones seguras cuando existe un embarazo no planificado, en cambio las personas pobres tienen que recurrir a maneras poco saludables para terminar con ese embarazo”.

¿Qué lugar ocupa el género en su teoría sobre la angustia? ¿Los hombres y las mujeres experimentan la angustia de manera diferente o hay similitudes?

—Ambos sexos experimentan un tipo de angustia que tiene que ver con la influencia social en cuanto a la posición y también con respecto a la obsesión con los ideales de belleza. Creo que las redes sociales contribuyeron a la angustia de ambos, pero también hay una diferencia. Por ejemplo, en Estados Unidos hay un aumento de los hombres que se unen a distintos movimientos en línea que tienen que ver con el celibato involuntario. ¿Oíste hablar alguna vez de Incel? Celibato involuntario. Es un movimiento que hay en Estados Unidos. Ha habido una serie de ataques en el último año. En Toronto, por ejemplo, un hombre mató gente en público. También en una universidad de Estados Unidos un hombre comenzó a disparar al público. Ambos eran miembros de este movimiento, Incel, un grupo de hombres que están enojados con las mujeres porque creen que no tienen acceso al sexo y que las mujeres los ignoran porque no son ricos o no son tan atractivos. No tienen las cualidades de masculinidad que perciben que está relacionada con la idea del éxito con las mujeres. Así que es un tipo de angustia muy particular relacionada con un grupo específico de hombres que tienen un discurso contra las mujeres y que usan la violencia para recibir atención. En el caso de las mujeres hay un aumento general de angustia relacionada con el cuerpo. Los hombres siguen con este patrón. Cada vez más hombres tienen angustia con respecto a su imagen, si su cuerpo no es lo suficiente delgado o musculoso. Hay similitudes en ambos géneros.

¿Se puede leer este libro como una reivindicación del psicoanálisis, sobre todo en tiempos en que aparecen cada vez más críticas que intentan desprestigiarlo?

—El psicoanálisis ha estado muriendo desde que comenzó pero sigue vivo —dice con ironía y en su rostro se dibuja una media sonrisa—, porque el psicoanálisis fue muy atacado por la industria farmacéutica y las personas que creen que se puede encontrar el secreto del ser humano en el estudio de los genes. También ha sido atacado en cuanto al comportamiento cognitivo. El capitalismo ahora es más rápido y busca que las personas trabajen más y se vuelvan más productivas. Sin embargo, el psicoanálisis existe y seguirá existiendo porque las personas buscan un lugar donde poder hablar y expresarse en un entorno neutral y donde poder poner su sufrimiento en palabras. La manera en que sufrimos es muy individual y el psicoanálisis abre el lugar para que las personas, a través de un proceso prolongado, comiencen a experimentar ciertos cambios. Muchas veces no se explican racionalmente, por eso Freud percibía de una manera paradójica el sufrimiento del sujeto, como vinculado a un tipo de elección. Creamos síntomas de manera individual y eso está determinado por nuestros cuerpos, por la biología, por la cultura, por la familia. Cada uno crea un síntoma de manera propia como un tipo de elección que no es racional, es inconsciente. El síntoma puede cambiar, el sufrimiento puede cambiar, puede aliviarse. El psicoanálisis permite que las personas experimenten este cambio, no de forma racional, pero como un efecto secundario. Un deseo inconsciente comienza a escucharse de manera diferente. ¿Si el psicoanálisis sobrevivirá o no? Bueno, eso está en las manos de los psicoanalistas. Es muy importante que los analistas no hablen sólo en un idioma privado y luchen unos contra otros, sino que piensen en los cambios sociales y políticos que atravesamos. También deben ser participantes activos de los cambios sociales, escribiendo por ejemplo, haciendo comentarios e involucrándose en la vida intelectual.

(Christian Bochichio)
Esta tarde —sábado 11 a las 18 horas— Salecl estará en la Feria de Editores. Será entrevistada en inglés, con traducción en simultáneo, por Flavia Pittella. Es la gran invitada de la feria y posiblemente la sala se llene. Renata Salecl es investigadora y profesora en importantes universidades de Europa y Estados Unidos, y sus libros han sido traducidos a quince idiomas. Pero además, para la farándula intelectual, quizás interese saber que estuvo casada con Slavoj Zizek y que tuvieron un hijo juntos. Hoy está en pareja con un periodista que la está acompañando a esta visita a la Argentina y está encantada con la cantidad de librerías que hay en Buenos Aires y con el lugar central que ocupa aquí el psicoanálisis clínico, a diferencia de otros países.

Sobre el final de la conversación, una pregunta obligada: ¿Existe la felicidad? “No”, corta enseguida, con contundencia, sin vueltas ni matices. “La felicidad, los momentos de felicidad, son momentos que experimentamos en ciertas situaciones de nuestra vida y que suelen ser breves, porque nuestra vida es breve. Yo critico la maquinaria de la ideología que promueve el ideal de felicidad. Este debate sobre la felicidad creó mucha miseria y tristeza”.

“La felicidad no es algo que exista per se —continúa—, pero cuando se promueve como una idea genera que vivamos en una época de mucha tristeza. Si fuésemos felices todo el tiempo nunca pintaríamos, nunca escribiríamos un libro, estaríamos siempre así… la la la”, dice mientras levanta los brazos como si fuera un zombie. “Hay que estar infeliz con algo para crear”, concluye y sonríe. Es la sonrisa más grande de toda esta conversación.

* La angustia en la sociedad moderna
Renata Salecl, entrevistada por Flavia Pittella
Sábado 11 de agosto a las 18 horas
VII Feria de Editores
Ciudad Cultural Konex
Sarmiento 3131 – CABA

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