Lideran sólo una de cada tres pymes y el 70% tiene dificultades para acceder a financiamiento. Trabas y desafíos para sortear. por BAE Negocios

Las mujeres emprendedoras en América latina están dedicándose en menor medida a proyectos tecnológicos, mientras que muchos emprendimientos son encarados por necesidad y no por oportunidad, y a una edad (un promedio de 30 a 40 años) más tardía que los hombres. A eso se suma que todavía cargan con el gran peso de las tareas domésticas, como un desafío adicional.

Así lo indicó el primer “Estudio de Apoyo al Emprendimiento Femenino en la Alianza del Pacífico” desarrollado por Mujeres del Pacífico y las Asociación de Emprendedores de Latinoamérica (ASELA), en busca de profundizar en la problemática del emprendedorismo femenino en la región.

De acuerdo con información del Banco Mundial solo el 30% de las Pymes formales en todo el mundo son propiedad o están lideradas por mujeres. En países desarrollados 70% de las mujeres no puede acceder al capital que necesitan para iniciar un negocio. Es decir que entre las principales barreras de las mujeres a la hora de emprender se encuentran las socioeconómicas, no obstantes los condicionamientos socioculturales también son impedimentos para el desarrollo del emprendimiento femenino.

Al respecto, la Coordinadora Internacional de Mujeres del Pacífico, Irene Ramos destacó que el objetivo del informe fue acercarse al conocimiento de “los factores que inciden en el emprendimiento” y que permitiera además reconocer “cuáles son los programas de los países de la Alianza del Pacífico que apoyan a las mujeres emprendedoras. Esto con el fin de generar diálogos públicos y privados que permitan su mejora”.

El estudio reveló que sobre un total de 51 programas orientados a fortalecer y promocionar el emprendimiento femenino, el 65% son de educación y formación, un 40% están dirigidos a generación de redes y un 31% son programas de acceso a financiamiento.

El informe mostró asimismo que las mujeres están emprendiendo más en negocios tradicionales e impulsadas por la necesidad económica, lo que las hace más susceptibles al fracaso. El desafío sería implementar programas para darles a las emprendedoras “por necesidad” la posibilidad de convertir sus negocios en emprendimientos por oportunidad, o con componentes innovadores.

Características y desafíos
Sobre el hecho de que las mujeres latinoamericanas están emprendiendo tardíamente no sólo debido a su edad, sino que se suman otros factores como las limitaciones para el financiamiento, el miedo a emprender, dificultades para acceder a redes de valor, y lo que considera “la asignación desproporcionada de tareas y/o responsabilidades domésticas”.

El estudio reveló que del total de programas en apoyo al emprendimiento femenino solo un 2% está dirigido a subsanar la falta de provisión de servicios ciudadanos al cuidado de los hijos y/o personas mayores, lo que sumado a otros factores limitan el crecimiento de sus negocios.

Juan Pablo Swett, Presidente de ASELA, señaló que “el estudio nos pone el desafío de trabajar con gobiernos para derribar barreras como el estereotipo de la mujer”. Y agregó que “debemos exigir el cumplimiento de normas laborales modernas, proveer servicios de cuidado para niños, diversificar la oferta de programas gubernamentales pues un 65% está dirigido a fortalecer capacidades empresariales duras y no considera aspectos personales y de contexto”.

En tanto, un informe del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) que analiza casos de nueve países de la región, mostró datos coincidentes respecto del perfil promedio de las emprendedoras latinoamericanas:

Iniciaron sus empresas impulsadas por oportunidad, no por necesidad.
Tienen entre 30 y 39 años, viven con su pareja y tienen dos hijos en promedio.
Provienen de familias con historial emprendedor.
Actualmente pertenecen a un nivel socioeconómico alto o medio-alto.
Cuentan con un título universitario (licenciatura o título equivalente).
Confían en su “olfato de negocio” y en su preparación técnica para comenzar un negocio.
Generalmente emprenden en sectores tradicionales o maduros.
Son dueñas mayoritarias de sus empresas y/o obtienen fondeo a través de sus familiares y amigos.
Para compaginar los múltiples roles que la sociedad espera de ellas se apoyan en su círculo más cercano (pareja, familia y amigos).
Para lograr expandir sus empresas tienen que enfrentar ciertos retos como la falta de financiamiento, el miedo al fracaso y el conflicto entre los múltiples roles que desempeñan.

El estudio destaca la oportunidad que tiene la región de generar los espacios para que más mujeres se involucren en este tipo de actividades tan ventajosas para la sociedad: “Captar y explotar la ambición de las emprendedoras debe ser una tarea prioritaria para la iniciativa pública y privada debido al impacto que generan en las economías y en sus comunidades. Además, se debe fortalecer el ecosistema emprendedor promoviendo mejores redes de contactos, ampliando el acceso a una mayor variedad de fuentes de financiamiento, así como favoreciendo políticas del gobierno que apoyen a las emprendedoras facilitando la conciliación de su vida profesional y familiar”, concluye el informe.

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