26/12/2017
El libro Cuerpos minados compila una serie de trabajos académicos sobre las masculinidades desde distintas disciplinas: arte, historia, sociología, activismo. Aquí, una reseña con pistas para abrir el debate. Por BRUNO CIANCAGLINI

Cuerpos Minados es el título del volumen recientemente editado por la Universidad Nacional de La Plata que se encarga de abordar, desde distintas disciplinas- arte, activismo, psicología, sociología, historia, sociología-, las masculinidades en Argentina.

Esa alusión al (los) cuerpo(s) masculino(s) como un campo minado, un territorio que en la superficie parece calmo, llano e invariable pero que en el fondo está por estallar en mil pedazos, puede leerse de dos maneras:

Desde el corto plazo y por el contexto, en referencia a cómo cierta forma de masculinidad se ve interpelada por la explosión de los movimientos femeninos, a có- mo determinado paradigma de “ser” hombre- las “masculinidades hegemónicas” y su estatuto dominante- está corroí- do y en cuestionamiento.

Desde el largo plazo, el título y el volumen en sí se constituyen como una investigación y rastreo de aquellas personas, obras o producciones que, sobre todo desde los años 60 en adelante, desde diferentes campos como el arte o el activismo fueron poniendo las bombas en el terreno, abriendo líneas de fuga hacia otras formas de masculinidades y que hoy, resumidos en esta serie de ensayos recopilados por José Maristany y Jorge Luis Peralta, nos formulan una pregunta simple e incómoda, que desde su mera enunciación ya puede hacer tambalear hasta la más viril de las certezas:

¿Qué es ser hombre?
Salir de lo obvio

“Veíamos que había un vacío, un punto ciego. Los estudios de género empezaron muy fuerte en los 80, de la mano con el crecimiento del activismo post-dictadura, pero por diferentes razones hubo una distorsión que convirtió a estudios de género en sinónimo de perspectivas feministas o de estudios de la mujer. De este modo, la masculinidad se mantuvo como lo obvio, algo que no se interroga, que por eso se vuelve invisible, innato, natural y universal”, explica José Maristany, investigador, docente de literatura y uno de los compiladores. Continúa: “También hablamos de masculinidades en plural, porque creemos que no existe una masculinidad única, sino que hay variedad y complejidad. De esa manera, refutamos la idea de una sola manera de ser ‘varón’ y que cambian no solo en diferentes contextos históricos y culturales, sino también en un mismo tiempo y sociedad”.

Los autores sostienen que la masculinidad hegemónica, o lo que hoy se considera “ser hombre”, no es más que un modelo normativo y plantean la apertura hacia otras formas de habitar los cuerpos que hacen estallar el binarismo de género (hombre/mujer) y su anclaje biologicista, “natural”.

Dice Maristany: “No queríamos limitar la masculinidad al cis-hombre (aquel que asume su identidad según su configuración cromosómica, genital), queríamos tener artículos de todo ese espectro que son las masculinidades trans, lésbicas o femeninas, formas de masculinidad que no están asociadas al cuerpo de ‘hombre’ y que ponen en crisis ese paradigma”.

Facultad chonga

A partir de esas premisas los diferentes ensayos plantean más preguntas e inquietudes que certezas académicas. El texto en primera persona de Valeria Flores, maestra lesbiana “chonga” de Neuquén, pone sobre la mesa los contrasentidos que genera su cuerpo, en tanto que su aspecto varonil es cuestionado, según ella, por cierto feminismo que lo asocia a lo masculino como algo negativo per se, y al mismo tiempo su presencia en una institución normalizadora como es la escuela rompe con el dispositivo feminizado del ideal de maestra en lo que ella denomina la (hetero) institucionalidad.

Escribe Valeria: “Estos son apenas unos desprolijos apuntes de una maestra prófuga, con 14 años de trabajo áulico en escuelas públicas de Neuquén, y un zigzagueante y dispar estado laboral de creciente precariedad al que muchas lesbianas ‘chongas’ somos arrojadas por una (hetero) institucionalidad hostil y expulsiva. Apuntes borroneados desde una ‘facultad chonga’ . La ‘facultad’ es esa sensación que dura un instante, una percepción fugaz a la que se llega sin razonamiento consciente pero que permite ver la estructura profunda debajo de la superficie de los fenómenos, y nos vuelve disponibles más que a una idea, a una ars operandi que no separa lo ético y lo teórico de lo estético y lo estratégico. Esa misma “facultad chonga” nos alerta sobre las sutiles formas de sujeción a la norma sexo-genérica que traman la vida cotidiana”.

No tan distintos

El ensayo, ¡Éramos tan diferentes y nos parecemos tanto! de Santiago Joaquín Insausti y Pablo Ben, parte de un análisis histórico a partir de datos demográficos, económicos y poblacionales para dar cuenta de los cambios en la pareja heterosexual, la crisis de la idea tradicional de familia y de la identidad masculina hegemónica a partir de los años 80. Citando otro estudio de Carolina Rocha, escriben:

“Entre 1945 y 1989 el Estado había reforzado la masculinidad tradicional en varios sentidos. La existencia de un Estado de bienestar paternalista fortalecía la legitimidad de la identidad masculina. El Estado se presentaba como garante último de la salud, educación y bienestar de la población, y lo hacía desde el rol simbólico de padre. A su vez, al proteger a las familias frente a algunos de los vaivenes del mercado, el Estado de bienestar permitía que la autoridad del varón como proveedor económico no fuera cuestionada, ya que las políticas sociales existentes hacían menos evidente la ‘falla’ del varón a la hora de sostener a su familia. Finalmente, durante la última dictadura militar, el Estado se autorepresentó como un padre autoritario que impone límites, consolidando también la identidad masculina. Después de 1989, la caída del Estado de bienestar no solo implicó el abandono de la simbología paternalista, sino que además generó una erosión de la masculinidad ligada a la creciente proporción de varones imposibilitados de proveer a sus familias”.

Otro ensayo consiste en un balance autorreflexivo del Colectivo de Varones Antipatriarcales de Rosario, que se plantea algunas preguntas incómodas como ¿Qué privilegios tiene ser un varón antipatriarcal? Maristany: “Esa experiencia me parece muy interesante, porque implica un gran riesgo. Los varones antipatriarcales se cuestionan muchas cosas que son necesarias y enriquecedoras para las masculinidades, pero siempre está la duda: ¿Hasta qué punto eso no implica seguir perpetuando la supremacía masculina? No hay que dejar de preguntarse ¿No es otra coartada para seguir teniendo poder en espacios y territorios simbólicos donde las mujeres deben tener la voz principal?”.

La línea de fuga

Los ensayos centrados en arte indagan obras literarias, teatrales, cinematográficas y fotográficas. En este último caso en el texto La singularidad de los rostros, Ariel Sánchez analiza el ensayo fotográfico sobre los combatientes de Malvinas de Juan Trevnik. “La particularidad de la masculinidad no reside en ser una parte del binario de género, sino en ser precisamente la máquina que produce las fronteras y jerarquías y que habilita los modos de conocer, narrar y mostrar el mundo”, escribe Sánchez. Las imágenes de Travnik, según el autor, trabajan en contra de una idea de heroísmo y la fragilidad de los cuerpos retratados disocia la masculinidad del su vínculo con la idea de Nación.

CEO patriarcal

Desde una perspectiva psiconanalítica, Irene Meler analiza una figura simbólica que hoy representa el ideal de masculinidad hegemónica: el CEO. En su texto Masculinidades hegemónicas corporativas, plantea cómo ese status laboral regula todos los aspectos de la vida y funciona como un “club privado” donde la necesidad de matrimonio y la división del trabajo entre hombre y mujer vuelve a sus formas más arcaicas.

Escribe Meler: “Encuentro un nexo inextricable entre el estatuto social de los sujetos y sus relaciones emocionales. Esta vinculación dista mucho de ser lineal, pero siempre es significativa. El intercambio amoroso no se acota al erotismo y la seducción, sino que circulan entre los integrantes de una pareja complejos lazos en los que el prestigio, y la estima de sí que se deriva del mismo, así como el bienestar material y sus réditos auto-conservativos y narcisistas, o su contracara, el malestar económico y el deterioro vital que implica, juegan un rol muy importante”.

Maristany: “Estamos en una época donde hay un campo de tensiones muy fuerte. Todo varón está siendo interpelado. La masculinidad está siendo interpelada porque cada vez más desde distintos espacios se está revisando y poniendo en crisis sus principios. Hay que indagar constantemente la masculinidad, cuáles son esas exigencias, demandas y restricciones que sienten los varones respecto de la sociedad y lo que se espera de ellos, para ser considerados exitosos o visualizados como hombres”.

Desde su variedad de enfoques y disciplinas, Cuerpos Minados es un libro que no solo salda una deuda pendiente sino que abre las puertas para pensar las masculinidades en plural, para cuestionar, sobre todo, un modelo de hombre que parece estar en agotamiento.

Como ese compadrito del tango Malevaje de Discépolo que citan en el prólogo del libro, que al ver a una mujer libre bailando altanera y sensual, siente que toda su hombría se reduce a una mera pose y solloza:

Decí, por Dios,

¿qué me has dao,

que estoy tan cambiao?

¡No sé más quién soy!

Ilustración: Agustina Olivera para MU

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