Foto por Frank Romero vía Unsplash.

Con el surgimiento de la pandemia de COVID-19 y las medidas de cuarentena, la inmensa mayoría de la actividad educativa se ve afectada por la suspensión de las clases presenciales. Pero esto no significa un pasaje inmediato, ni mucho menos sencillo, a la modalidad online. En este post les hablaremos de los desafíos de la migración a clases online y daremos algunos consejos en base a nuestra experiencia de casi una década en esta modalidad, no solo implementando cursos virtuales, sino también acompañando a colectivos e instituciones en este camino. 

Los desafíos

Si bien la educación a distancia tiene un desarrollo de muchas décadas, con experiencias que van desde cursos por correo hasta las aulas virtuales, una adopción amplia y acelerada implica muchos desafíos, especialmente para aquellas personas que no estaban habituadas. Pero el desafío no es solo de las personas, sino también, y especialmente, de los sistemas educativos y de las instituciones.

No es lo mismo migrar nuestras clases a un entorno virtual en una institución que ya contaba con programas de educación online, que hacerlo cuando la institución está empezando prácticamente de la nada y se lanza de golpe y porrazo a las soluciones aparentemente rápidas y universales que ofrece el mercado. Sin mencionar que todavía hay millones de hogares en el mundo sin acceso a una conexión a Internet asequible, estable y de calidad suficiente como para hacer viable participar en una clase en línea.

Pero incluso para las instituciones que ya venían implementando tecnologías educativas, esto no significa que sus entornos virtuales estén en condiciones para poner todas las clases en línea inmediatamente. Tampoco es real que todo el material de estudio esté digitalizado (y mucho menos que se pueda acceder legalmente). Y aún si todo esto está disponible, puede faltar lo más importante: que estudiantes y docentes tengan el apoyo necesario para que las clases se desarrollen adecuadamente, sin resignar la calidad educativa.

Porque, desde nuestro punto de vista, no se trata de hacer una división entre docentes “de última generación” que se adaptan a la educación tecnológica y docentes tradicionales que no se actualizaron. Por el contrario, creemos que todas y todos tienen un rol en este nuevo desafío, donde lo que importan son las prácticas de enseñanza y aprendizaje, no únicamente la tecnología. Es por todo eso que en este post vamos a compartir más que nada consejos en torno a esas prácticas. 

Educación online: prácticas para el día a día

En el mejor de los casos, tenemos acceso a un campus virtual de nuestra institución y contamos con apoyo de un departamento técnico para utilizarlo. En el peor de los casos, no contamos con ninguna herramienta educativa institucional, y recurrimos a crear carpetas compartidas en alguna nube y armar grupos de chat. Pero en cualquiera de los escenarios posibles, hay varias cosas que podemos hacer para mejorar la calidad de las clases online, desde talleres de arte a clases universitarias.

1. Estructurar las clases

Así como las actividades educativas presenciales se planifican, lo mismo hay que hacer para las clases virtuales. Y quizás en estas, la planificación se hace todavía más importante.

Antes que nada, ¿qué es una clase virtual? Puede ser un encuentro periódico de una hora por videoconferencia, o puede ser un documento de 30 páginas para leer a lo largo de una semana. Pero a menudo es un mix de estos y otros elementos que están en un espacio virtual dispuesto para la enseñanza y el aprendizaje.

Es importante diseñar y estructurar ese espacio, porque en la educación a distancia las personas están dispersas entre sí y solas frente a una pantalla, mientras que el o la docente está lejos y la mayor parte del tiempo no puede responder de forma inmediata. Hay una distancia en el espacio y una separación en el tiempo, así como una expansión del espacio de la clase, que se vuelve ubicuo. Esto incide en la dinámica de la clase, en la cual es muy fácil desorientarse. Por lo tanto, se vuelve más importante que nunca que la clase tenga una estructura clara y predecible para las personas que cursan.

Nuestro consejo es dividir el curso en etapas, a la manera de módulos temáticos. Cada módulo es un contenedor dentro del cual las actividades y recursos educativos están claramente organizados. Por ejemplo:

  1. Contenido central: es el material principal del módulo. Puede ser un documento escrito, un video, un audio, una clase en vivo y muchas cosas más.
  2. Contenidos complementarios: lecturas, links y otros materiales recomendados para profundizar, pero que no son obligatorios.
  3. Tarea: una actividad de aprendizaje que se le encomienda a las y los estudiantes, con una fecha de entrega clara. Desde un cuestionario hasta un ensayo, pasando por un juego o una actividad colaborativa. Recibirá retroalimentación de docentes o pares.
  4. Espacio de intercambio para discusiones así como dudas y preguntas. Este espacio debe ser animado y dinamizado (ver la sección 4), por lo que es recomendable tener una pauta o consigna de discusión.

En un aula virtual como Moodle, es sencillo organizar módulos de aprendizaje. Pero si no se cuenta con una plataforma, la estructura puede mantenerse. Por ejemplo, es posible armar una estructura con carpetas compartidas en la nube y crear una especie de plantilla para enviar un mensaje semanal al grupo de estudiantes.

Con una estructura de este tipo, que se repite periódicamente, las personas se van habituando a la dinámica de las clases, se pierden menos y se focalizan más, porque saben qué es cada cosa y dónde encontrar lo que están buscando. Por eso, traten de mantener la estructura de las clases estable y de ser realistas con la cantidad de tareas y materiales de estudio, para no sobrecargar a los y las estudiantes (ni a ustedes).

2. Organizar el tiempo, pero con flexibilidad

Así como planificamos la estructura del espacio virtual, también hay que planificar los tiempos. Las clases o módulos deben tener un período de duración. Lo más habitual es que sea semanal o quincenal. En todo caso, lo importante es establecer fechas para empezar y terminar, de manera que no se produzca una dispersión radical de las trayectorias de las y los estudiantes. Si no, el curso se eterniza y da la impresión de que nunca llega al final.

Sin embargo, también hay que evitar sobrecargar el calendario. Tampoco recomendamos prácticas de control, como cronometrar tiempos de conexión ni limitar por tiempo el acceso a los materiales y actividades. Recuerden que las y los estudiantes también están atendiendo a otros cursos online. Si son adultos, probablemente también continúen trabajando aunque sea dentro de sus hogares, y quizás tengan que compartir la conexión y los dispositivos con otras personas con las que conviven. Es importante aprovechar la flexibilidad y autonomía que permite el estudio a distancia, de manera que cada persona pueda participar según sus tiempos y rutinas preferidas. 

3. No todo es en tiempo real

Precisamente, por lo dicho más arriba, no recomendamos que las actividades sean todas en tiempo real. Para que las personas puedan organizar mejor sus tiempos y para que nadie se pierda la clase, lo mejor es ofrecer alternativas asincrónicas. Esto es, actividades que no requieran conectarse a una hora fija, sino que puedan realizarse en cualquier momento. En lugar de un chat, un foro. En lugar de una videoconferencia, un video grabado.

Si se opta por la actividad en tiempo real, entonces es bueno que quede un registro (grabación de la videoconferencia, síntesis de la conversación), para que quienes no pudieron participar, puedan ponerse al día más tarde.

4. Dinamizar la clase

Las clases online no deberían ser espacios sin vida y sin alma. No es conveniente reducir todo a una serie de links de descarga, videos grabados y un cuestionario final de retroalimentación automática. No decimos que no sean útiles esos recursos, sobre todo para clases masivas. Sin embargo, también es posible generar conversación y comunidad en torno al contenido educativo, y eso es algo que recomendamos mucho.

Si van a abrir un foro o un grupo de chat, no dejen en soledad a sus estudiantes allí. Alienten su conversación proactivamente con consignas interesantes y dejen comentarios a la participación. Estimulen también la conversación entre estudiantes. Si no es posible una retroalimentación individual a cada participante, pueden hacer una síntesis mencionando algunas de las intervenciones.

Si están en una clase en vivo por videoconferencia, preparen una agenda que incluya no solo la exposición, sino también tiempo para preguntas y debates. Establezcan un tiempo para cada intervención y una lista de espera en la cual anotarse para participar. Si es posible, tomen notas y hagan una síntesis. Quizás estas tareas se pueden encomendar a las y los estudiantes, haciéndolas colaborativas y rotativas. El profesor Howard Rheingold, por ejemplo, organiza la dinámica de sus clases en vivo distribuyendo roles a sus estudiantes: buscar recursos online, contextualizar los links encontrados, hacer un mapa mental de la sesión, compilar todo en un documento, etc. 

5. Pautas de convivencia

Así como es importante dinamizar la clase online y fomentar las interacciones, también debemos estar pendientes de establecer pautas de convivencia. La finalidad es que todas las personas puedan disfrutar del acceso a una educación libre de violencia en entornos virtuales confiables y seguros. Especialmente, debemos prestar atención a la violencia de género en línea, así como a otras formas de violencia contra personas de colectivos marginalizados y estigmatizados, que también se produce en contextos educativos online.

Si nuestra institución tiene políticas contra la discriminación y el acoso que regulan la interacción en espacios presenciales, las mismas deberían ser aplicables a las clases online. Si no existen pautas institucionales, o si no están enseñando en el marco de una institución, pueden adaptar códigos de conducta y normas de etiqueta de otras comunidades. Un ejemplo en el que se pueden inspirar es el de las pautas para la participación en la comunidad de Mozilla

Estas reglas deben ser claras y visibles para todas y todos. Y debemos hacerlas cumplir, dejando claro que no es aceptable el acoso online, la discriminación, la violencia ni las conductas abusivas. Finalmente, es importante que se entiendan las consecuencias de estas conductas y la forma de denunciarlas.

6. Recursos educativos abiertos

En los cursos presenciales, las y los docentes indican libros de texto o bibliografía que puede conseguirse en una biblioteca, fotocopiarse o comprarse. Sabemos que de las tres opciones, la última es la menos probable. Por eso es habitual que se pongan los materiales a disposición para fotocopiar o descargar. En muchos casos estas prácticas son ilegales, pero al mismo tiempo son populares y legítimas, debido al alto costo del material de estudio, especialmente en los contextos más desfavorecidos.

En los campus virtuales, poner a disposición copias digitales de materiales bajo copyright es igual de ilegal que fotocopiar, porque siguen pesando derechos de propiedad intelectual exclusivos sobre los contenidos educativos. En algunos países es legal reproducir capítulos o fragmentos cortos con fines educativos, pero en muchos otros todavía no lo es (como en el caso de nuestro país, Uruguay). Mientras siga habiendo educación, se seguirán haciendo copias ilegales, tanto en bibliotecas, como en centros educativos y también en campus virtuales. Pero es bueno saber que hay otro paradigma de creación y distribución de contenidos.

¿Qué opciones tenemos las y los docentes? La creación propia, la colaboración y la reutilización son las alternativas. El movimiento de Recursos Educativos Abiertos promueve desde hace años la creación de contenidos bajo licencias Creative Commons. Esto permite que otras personas los encuentren, los reutilicen e incluso los adapten (traduciendo o pasando los contenidos a formatos accesibles, por ejemplo).

En este post no podemos hacer una síntesis de la inmensa cantidad de portales y plataformas de REA que existen por idioma, nivel educativo, materia, etc. Pero les invitamos a empezar la búsqueda por los portales educativos de sus países, así como por plataformas como Wikimedia Commons e Internet Archive.

Asimismo, les recomendamos empezar a trabajar colaborativamente con más docentes de su área de conocimiento para crear contenidos compartidos, y liberarlos para que la comunidad educativa pueda reutilizarlos. Ahora es el momento para el acceso abierto al conocimiento, el momento para la solidaridad, no para la exclusividad.

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