La fortaleza del movimiento cooperativo y la economía solidaria, una alternativa a la crisis autoinfligida del neoliberalismo. Por Diego Martínez

En 1844 nació el cooperativismo en Rochdale, Inglaterra. Eran 28 compañeros que decidieron distribuir entre ellos los excedentes generados por su actividad. Hoy somos más de 1100 millones los que integramos cooperativas y mutuales en todo el mundo, así que logramos en 173 años lo mismo que la Iglesia Católica en 2000”, señala José Orbaiceta, cooperativista desde hace más de 40 años y actual integrante de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar). Su planteo pone de relieve la importancia de un sector invisibilizado en las grandes urbes pero que sólo en este país genera el 10% del PBI e involucra como integrante o consumidor a la mitad de su población.

Una cooperativa abastece de energía eléctrica a casi uno de cada cinco hogares argentinos y de agua potable a uno de cada diez. Unas 2,5 millones de personas se atienden en servicios de salud cooperativos y un 15% de los medicamentos son distribuidos por farmacias cooperativas. Las cooperativas agrícolas comercializan alrededor del 20% de la producción del campo y el supermercado Cooperativa Obrera ofrece productos a un millón y medio de socios en más de 50 ciudades.

A este panorama hay que sumar las 300 empresas recuperadas por sus trabajadores que encontraron una salida colectiva a las políticas neoliberales a finales de los ’90 y que en el último tiempo vivieron una segunda oleada con el gobierno de Mauricio Macri. Según registra el programa Facultad Abierta de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en los últimos 18 meses al menos 20 empresas siguieron ese camino para evitar el vaciamiento patronal.

En la tierra de uno

“En la Argentina somos alrededor de 20 mil cooperativas y mutuales según los registros del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES). El 54% de las matrículas son de cooperativas de Trabajo y ese es el rubro que más ha ido creciendo en el mundo porque el trabajo es escaso. Entonces, la gente toma en sus manos la tarea de proveerse de trabajo, ya sea porque recupera una empresa o se organiza para trabajar”, añade Orbaiceta, que en la década del ’70 participó de la fundación de la gráfica Ferrograf y hoy integra el directorio del INAES como uno de los representantes del sector cooperativo.

“Hay momentos mejores y peores. En este momento resistimos. Pero mientras cerraron 140 pymes perdiendo 1600 empleos, de las cooperativas gráficas no cerró ninguna. Podremos pasar hambre, tendremos que ajustarnos, pero resistimos. En las mismas circunstancias, un empresario para y se raja, mientras que nosotros aguantamos”, finaliza Orbaiceta.

Aunque muchos porteños lo desconozcan, el movimiento cooperativo tiene una extensa tradición en la Ciudad de Buenos Aires. De hecho, la primera matrícula del registro oficial de cooperativas fue la de El Hogar Obrero, en el año 1905. Esta empresa, que alcanzó a dar empleo a más de 13 mil trabajadores y sumaba dos millones de asociados, fue una de las más importantes del país en el sector de vivienda, crédito y consumo. La Cooperativa Obrera, que hoy sigue sus pasos como referente en el área de consumo, también comercializa productos con la marca Coop, creada por la primera, llevando a la práctica el principio de integración que promueven las cooperativas.

En la Ciudad hoy existen cerca de 2800 cooperativas activas, la mitad de ellas, de Trabajo. “La Economía Social y Solidaria en una ciudad como esta tiene mucho para aportar en cuanto a comercialización de productos de primera necesidad mediante el Cooperativismo de Consumo, de vivienda y también el Cooperativismo de Salud o la Economía del Cuidado”, precisa Ignacio Pacho, politólogo de la UBA e impulsor de un equipo de investigación sobre economía social porteña. “Hay que decir que partimos de un escenario donde la Ciudad –advierte– no tiene políticas para el sector, sino que más bien ha potenciado el emprendedurismo y las estrategias individuales de solución de problemas”.

Las recuperadas

Las empresas recuperadas son un actor importante dentro del sector. Su aparición con fuerza a fines del siglo pasado marcó un hito político que trascendió las fronteras. Representantes de experiencias similares de 25 países se reunieron a fines de agosto en el VI Encuentro Economía de los Trabajadores realizado en la recuperada Textiles Pigüé, que con más de una década bajo gestión obrera logró ser el segundo empleador de esa ciudad del suroeste bonaerense, después del Estado.

Pero la situación no es fácil hoy para las firmas recuperadas en la Argentina. “El impacto de los aumentos de tarifas ha sido enorme, porque se lleva gran parte o la totalidad de la rentabilidad de las cooperativas en momentos de contracción del mercado interno y mientras aparece una fuerte competencia de las importaciones”, explica Andrés Ruggeri, director del Programa Facultad Abierta y uno de los organizadores del encuentro. Según un relevamiento realizado por su equipo en 73 recuperadas, el 80% experimentó caídas en la producción en los últimos dos años y un 12% está actualmente sin producir.

Estas medidas también impactaron en los retiros de los cooperativistas, que no tuvieron aumentos o incluso bajaron en el 75% de las empresas desde la asunción de Macri. Y aún en aquellas en las que hubo aumentos nominales, estos fueron por debajo de la inflación, por lo que significaron una caída del poder adquisitivo. Pero además de lo económico, el gobierno de Cambiemos, tanto en la provincia de Buenos Aires como a nivel nacional, revictimizó a las recuperadas a través del veto a las expropiaciones, como en el caso de Acoplados del Oeste o el Hotel Bauen. En el primer caso incluso se produjo un violento desalojo.

A pesar de este panorama, al menos 20 empresas eligieron el camino de la recuperación en el último tiempo y lograron torcer el destino prefijado por el mercado y el gobierno actual. En todos los casos, siempre hubo miembros del movimiento cooperativo o de empresas recuperadas que acompañaron y orientaron a los nuevos para dar los primeros pasos. La prueba de que es posible es precisamente esta nota, escrita a casi 18 meses de recuperar Tiempo Argentino. ?

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